Un buen profesor…

Muchos de los que nos dedicamos a la docencia tenemos siempre la inquietud de saber si el trabajo que hacemos está valiendo, si nuestros alumnos están adquiriendo los conocimientos y las competencias que nosotros deseamos. Esa duda siempre está ahí, y lo cierto que cualquier feed-back que recibimos lo recibimos siempre con entusiamo, tenga el sentido que tenga porque, cuando menos, nos mostrará que ha habido interés por la otra parte, y eso no es poco.

Uno trata siempre de mejorar y para ello he realizado una pequeña investigación sobre que es realmente un buen docente (he de reconocer que no he renunciado a incluir también en la búsqueda “un bues maestro” ya que para mi esta palabra encierra una valor adicional que realmente no se explicar).

Una lista no excluyente sería:

  • Características y Rasgos Personales
    • Cordialidad y cercanía
    • Entereza y autoridad
    • Paciencia
    • Entusiasmo y entrega
    • Humildad
    • Facilidad de comunicación
    • Creatividad y decisión
    • Ser abierto y reflexivo
    • Capacidad de trabajo
    • Seguridad en sí mismo
  • Características y rasgos profesionales
    • Buena preparación y disposición a la formación continua
    • Capacidad investigadora
    • Habilidad manual
    • Capacidad de organización y planificación
    • Observador-orientador
    • Capacidad de evaluación
    • Motivador
    • Responsabilidad

Lo cierto que lo primero que me ha ocurrido ha sido pensar ¡Qué dificil profesión!… Aunque a la vista de la lista anterior lo siguiente que me ha llegado a la mente es ¡Que necesaria es la vocación!

Lamentablemente, en el ámbito universitario se han olvidado completamente estas exigencias para formar parte del Personal Docente e Investigador, y esto se traduce a la larga, en situaciones que son las mismas que vive una persona que ejerce la medicina sin tener vocación: desmotivación y por ende insatisfacción por parte de los facultativos y los pacientes.

Tengo la suerte de que en mi entorno más inmediato tengo compañeros con un gran vocación docente, con una gran implicación en la mejora continua de docencia y que todos los años, en todas las clases, se hacen las reflexiones que todo buen docente debe hacerse: ¿está bien orientada?, ¿es lo que necesitan?, ¿sabré impartirla de una forma correcta?. Todo ello se traduce muchas veces en ciertos nervios e inquietud, que no son otra cosa que la expresión de una responsabilidad bien entendida.

Para ya concluir, si algo tengo claro en el campo de la docencia es que hace más quien quiere que quien puede. Las dudas que a veces asaltan a mi amiga Begoña sobre si se está o no suficientemente preparado para impartir una u otra materia quedan solventadas son la siguiente frase:

BuenProfesor