Si somos conscientes de ello, la vida nos brinda multitud de ocasiones para aprender lecciones de calado en momentos y de personas que no nos las esperamos. Quizá porque se presenten en lugares o en circunstancias de las que esperamos solo una rutina más.

María Belén es una antigua alumna de la Escuela de Caminos, que defendió un proyecto fin de carrera basado en la cooperación al desarrollo, apasionante, como fue su tiempo dedicado durante muchos meses a sacarlo adelante.

Posteriormente siguió trabajando para conseguir un techo para dos familias que había conocido en el Perú. Para ello,  diseñó y vendió unos calendarios llenos de vivencias personales. Su forma de actuar, de ver las cosas y de querer cambiar aquello con lo que no estaba de acuerdo por injusto, dio sentido a la frase de E. Burke: “Nadie comete mayor error que aquel que no hace nada ‘porque solo podría hacer un poco’ “.

Ella no quiso cometer el error de no hacer nada y os aseguro que que lejos de poner solo un granito de arena ha conseguido sensibilizar a muchos de los miembros de nuestra comunidad universitaria.

Africa

Lo cierto es que a raíz de esta experiencia he querido retomar mi pequeña colaboración (la mía y la mi familia), especialmente con los más desprotegidos en el continente africano, donde mi tía Aurora dedicó toda una vida a precisamente eso.

Para ello, y siempre con la inestimable colaboración de María Belén, he contactado con un buen hombre, el Padre Rafael, persona vinculada a la ONG Sociedad de Misiones Africanas, junto con quien nos hemos marcado el modesto objetivo de construir un pozo de agua potable en alguna de las muchas aldeas de Begin (África).

La colaboración de todos es posible y para los que queráis poner vuestro granito de arena  encontraréis en la web de la ONG la forma de materializar vuestra ayuda.

Hace poco leí una frases que me hizo reflexionar sobre nuestra aldea global, sobre la necesidad de la cooperación  y sobre la justicia social tan necesaria en los tiempos que corren. Decía tal que así:  El mundo es lo suficientemente grande y rico para que vivamos todos dignamente, pero es lo suficientemente pequeño para la avaricia de unos pocos.

Estoy totalmente convencido de que un mundo un poquito mejor es posible pero, como en todos los proyectos, un camino se comienza con un primer paso, así que no nos pensemos más nuestro primer paso y démoslo convencidos de que lo que hagamos valdrá seguro.