Confirmado, cada vez tengo más claro que determinados medios de comunicación (quizás demasiados) adolecen de un comportamiento ético en lo profesional.

Es un hecho constatado que no respetan la imprescindible separación de los que es “editorial” y de lo que son “hechos constatados y contrastados”.  La forma de construir, redactar y maquetar todas las noticias las carga de opiniones personales y subjetivas que presentan una realidad alejada de los hechos. Y como no, empezando por el titular, que ha de ser ese anzuelo que mordamos, aunque su sola redacción sea un juego de palabras que no tenga nada que ver con lo cierto.

Pero mucho más preocupante es la decisión anterior y crucial: la decisión de convertir un hecho o circunstancia en noticia. Un profesional debiera tener en cuenta criterios (entre otros) como la distancia, la importancia, la novedad y el contexto.

La realidad es que los medios de comunicación han convertido sus diarios, en un collage inconexo de malas noticias, o lo que es más lamentable, de hechos banales que son elevados al olimpo de la importancia suprema porque ellos (o sus intereses económicos) así lo consideran.

Detrás de todo este humo, o llámenla polvareda, quedan muchos hechos o acontecimientos que si debieran ser vestidos con el traje de noticia. Hablo de científicos, cooperantes, innovadores, empresarios, etc., que con su trabajo diario consiguen que todos los días nos encontremos un mundo un poquito mejor. Hablo también de grandes deportistas y sus gestas (a título individual o colectivo) que quedan a la sombra de la actividad social de los grandes futbolistas.

Creo que esta injusticia diaria a las que nos someten: tanto a los protagonistas de las noticias como a los que nos gustaría conocerlas (el más elemental de los derechos), tiene visos de no cambiar.
No obstante, y éste ha sido el motivo que me ha llevado a escribir estas líneas, siempre hay un halo de esperanza porque existen personas empeñadas en no dejarse laminar por el sistema y desarrollan una labor muchas veces infravalorada.

El otro día me hablaron de un periodista que, cansado de esta situación, había creado una agencia de noticias buenas, que por buenas parecen tener menor interés y mercado, aunque seguro que responden a lo que está pasando por ahí fuera. Y las elige y selecciona en función de los citados criterios de importancia, novedad, proximidad (difícil de acotar en un mundo globalizado) y contexto. Aplaudo la iniciativa por innovadora, por ética y por responsable.

Termino de escribir estas líneas con una sonrisa en los labios ya que la buena noticia que os adelantaba en el titular es que hay noticias buenas. O lo que es más importante, hay muchos hechos y acontecimientos buenos que debieran ser convertidas en noticia.