Sonreír, que no es baladí

Sonreír parece que tiene que ser la consecuencia o la expresión de nuestro estado de ánimo, de nuestras circunstancias personales, de los ciclos económicos, de la alineación planetaria o del dictamen diario e irrefutable de nuestro signo del Zodiaco.

Como siempre me encanta iniciar mis reflexiones presentando otro punto de vista. Con la sonrisa ocurre como quien trata de adquirir una habilidad, “si quieres adquirir una habilidad, comienza a comportarte como si la tuvieses”. Pues eso, si quieres sonreír y todo lo que ello lleva consigo… ¡Comienza con una sonrisa!

De nuevo, la gran paradoja conceptual: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Mi naturaleza optimista me hace invitaros a que empecéis con una sonrisa, y luego, ya veremos cómo se dan las cosas.

Si sonreís, si lo hacéis a otra persona, puede que tengáis la suerte de ser correspondidos y una sonrisa franca, abierta y completa es de los mejores regalos que podemos recibir. La sonrisa es uno de los elementos más contundentes de la componente “para-verbal” de la comunicación, haciéndola más corta, directa y efectiva.

Como casi todo en esta vida, la sonrisa lleva muchas horas a sus espaldas de investigación y estudio, lo que hace que no sea difícil encontrar distintas clasificaciones de la sonrisa, distinguiendo en función de los grupos faciales activados (y yo diría de las intenciones del comunicador).

Así, podemos hablar de sonrisas sinceras, amortiguadas, falsas, burlonas, desdeñosas, temerosas, tristes (si, es así, se puede sonreír de tristeza, lo que reviste al gesto de la persona de una solemnidad y certeza impresionante), postizas, cruel y distantes.

Las sonrisas, y la forma que la gente las hacen suyas, pueden llegar a caracterizar al personaje. Dicen que Charlie Chaplin era una persona cuya sonrisa construía enormes distancias. Solamente era un parte muy importante de una personalidad inigualable. Se atrevió a asegurar que el día que no dibujara una sonrisa en su cara, simplemente habría dejado de existir.

Como sedimentos de siglos de comportamiento, la sonrisa y su hermana descarada la risa, tienen una carga enorme de códigos culturales. En muchos lugares de África las personas utilizan la risa como una señal de sorpresa, asombro, vergüenza e incluso incomodidad. Es importante que los tengamos presente y más en los tiempos en los que las posibilidades de viajar nos pueden hacer vernos en una situación en la que la comunicación sea totalmente errónea por dicha componente geográfica de nuestros gestos y su significado.

En las latitudes en las que nos movemos sonreír es un ejercicio conveniente, una actitud generosa y el posible remedio a una mala jornada. Los beneficios serán inmediatos para quien sonríe y serán mucho mayores y se verán aumentados desde nuestro entorno (si una sonrisa es sincera hay pocos que podamos resistirnos a corresponder).

Cada vez estoy más convencido que los cómicos han tenido y tendrán un papel esencial en la sociedad y en la forma de relacionarnos. Leonardo Di Vinci nos dejó por escrito que una persona capaz de reír no era lo suficientemente peligrosa. Y que decir del gran Gila, quien teléfono en mano nos dio una lección magistral de como debieran ser gestionados los conflictos bélicos, eso si, portando un caso militar como jamás lo ha vuelto a hacer.

Me gustan los cómicos y si lo son siendo además hermanos solo puedo quitarme el sombrero así que terminaré citando al gran Groucho Marx, “la risa es una cosa demasiado seria”, casi tanto como quien escribe estas líneas.