El proceso de planificación, especialmente aquel que tiene como apellido “estratégica”, es realmente complejo y su desarrollo y concreción no siempre llega a buen puerto.

Si se analizan los pasos que hay que dar para completar una planificación se podrá entender perfectamente dicha complejidad (véase figura adjunta):

Planificacion

Hoy me gustaría reflexionar centrándome en las primeras etapas, señaladas en la figura como correspondientes a la fase informativa. Lo cierto es que el primer paso para cualquier planificación es formularse unos objetivos. Estos objetivos son en un primer estadio un “brindis al sol”.

De partida se desconoce si es posible la consecución de los objetivos y metas por razones evidentes de disponibilidad de recursos, viabilidad técnica, etc. Incluso, es normal no conocer el alcance real de los objetivos hasta que son cuantificados y valorados es posteriores etapas.

No es hasta que se analiza toda la información y se fijan los indicadores y estándares que permitirán fijar metas concretas, medibles y reales cuando se puede hablar de objetivos concretos. Probablemente se vean mermados en relación con los inicialmente planteados. Y esto es así porque el tamiz de las posibilidades ciertas de actuación, de los recursos limitados y de las dificultades que pueden encontrarse en el camino con todos los agentes implicados hace descender al planificador al mundo de las realidades.

Escribo ésto porque, tras leer un artículo muy interesante sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), me he dado cuenta que lo que se aprobó en el pasado año 2015 no eran objetivos sino una declaración de intenciones. Me explico, si queremos mejorar la ratio de utilización de energías renovables no se puede emplear un término como “substancialmente” y más cuando los implicados en la planificación son muchos y de muy diversa condición. Substancialmente puede significar para unos un aumento del 10% y para otros doblar la producción (100%).

Para el seguimiento de los llamados ODS, se pueden consultar en esta página de Naciones Unidas, que a su vez formulaban un total de 169 metas, se han preparado a modo de borrador un total 231 de indicadores. Éstos serán los estándares que van a permitir saber si lo planificado se cumple y en que medida.

Se trata de un borrador muy primario, ya que más del 40% de ellos están puestos en la nevera al no existir acuerdo en su formulación y concreción. Y curiosamente se trata de aquellos que, de alguna manera, exigen la formulación de políticas activas por parte de todas las partes.

Igualmente importante en la planificación es la claridad. Curiosamente, como suele ocurrir los ámbitos de la negociación internacional, el documento elaborado ya ha sido calificado como “de poco claro” por uno de los padres de los Objetivos del Milenio (OM), Jan Vandemoortele. En este artículo se pueden leer las razones que argumenta en este sentido.

Si un experto de este calado no llega a entender el alcance del documento, es fácil imaginar la utilización sesgada que puede hacer del mismo un determinado país, especialmente cuando los exigido por el plan no sea de su agrado o vaya en contra de otros objetivos formulados en su política económica y social.

Sobre la claridad del documento es útil hacer una lectura de los objetivos y metas. Poniendo de ejemplo el Objetivo 9: Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación, se puede observar que se utilizan términos vagos y por definir de forma concreta. Estos son:

  • Resiliente.
  • Inclusivo
  • Sostenible

Pero aún más preocupante es la forma en la que se han escrito las metas. Una de las ocho formuladas para el objetivo 9 es:

Para 2030, mejorar la infraestructura y reajustar las industrias para que sean sostenibles, usando los recursos con mayor eficacia y promoviendo la adopción de tecnologías y procesos industriales limpios y ambientalmente racionales, y logrando que todos los países adopten medidas de acuerdo con sus capacidades respectivas.

En la misma, en la que esperaba encontrar términos más objetivos y concretos, aparecen:

  • Sostenible
  • Ambientalmente racionales
  • Medidas de acuerdo con sus posibilidades respectivas

Sin lugar a dudas se trata de una redacción política, que ha satisfecho tanto a los países implicados y convencidos con el desarrollo sostenible como aquellos que lo estarán siempre y cuando no colisione con sus intereses patrios. Es redacción no hace otra cosa que reproducir la misma situación derivada de la Declaración de Estocolmo a nivel medioambiental y posteriores reediciones como la Declaración de Río de Janeiro del 2012

De cualquier manera, nunca se ha de quitar mérito a aquellos que tratan de conseguir un mundo mejor, más justo y más sostenible. Y por supuesto, en el desarrollo sostenible, como en la cooperación al desarrollo, nunca hemos de olvidar la frase de E. Burke: “Nadie comete mayor error que aquel que no hace nada ‘porque solo podría hacer un poco’ “.

Pido disculpas por emplear de forma reiterada el término de sostenibilidad, sin llegar a conocer plenamente su significado real. No obstante, no tengo ni de lejos sentido de culpabilidad. La UNESCO, al tratar de definir el concepto de sostenibilidad, a través de sus oficinas para la educación, se ha visto obligada a utilizar no menos de cuatro folios. Y lo más preocupante es que sitúa la génesis de su significado en una orientación negativa en tanto que surge ante una situación de emergencia planetaria.

Lo que si está claro es que el concepto de sostenibilidad aparece cuando hemos aumentado el conocimiento de nuestro planeta y del universo, y nos hemos dado cuenta que tanto los recursos como su capacidad de recuperación son limitados. El breve texto de Victoria Chipeto, Ministra de Zimbabue, lo resumen de forma sencilla:

“Se creía que el cielo es tan inmenso y claro que nada podría cambiar su color, nuestros ríos tan grandes y sus aguas tan caudalosas que ninguna actividad humana podría cambiar su calidad, y que había tal abundancia de árboles y de bosques naturales que nunca terminaríamos con ellos. Después de todo vuelven a crecer. Hoy en día sabemos más. El ritmo alarmante a que se está despojando la superficie de la Tierra indica que muy pronto ya no tendremos árboles que talar para el desarrollo humano”

Esta circunstancia marca dos grandes líneas de trabajo en el desarrollo sostenible: la de la eficiencia a partir del progreso científico y tecnológico, y la de la austeridad en el uso de recursos (reflexionar sobre que es esencial y que es accesorio). Son dos grandes líneas de pensamiento que si bien podrían ir de la mano se presentan en la actualidad a veces enfrentadas y en posiciones extremas. El planteamiento llega a ser a nivel de filosofías de pensamiento y de teorías económicas de las que se lleva escribiendo desde el génesis de la humanidad.

Para terminar vuelvo al punto donde empecé, los Objetivos del Desarrollo Sostenible, como herederos de los Objetivos del Milenio, no son otra cosa que una pequeñísima parte de un proceso mucho más complejo que es la Planificación del Desarrollo Sostenible, en la que habrá que terminar de definir indicadores, llevar a cabo una prognosis adecuada y estudio de escenarios para a partir de ahí concretar acciones concretas, reales y viables que conformarán el plan, que deberá ser monitorizado a lo largo de toda su implementación.

El problema vendrá cuando las acciones tengan que ser implementadas por los respectivos países y deban conciliar estas exigencias con las de crecimiento económico, creación de empleo, mejora de los niveles y calidad de vida y otras demandas sociales que se presentan en un mapa mundi totalmente asimétrico.

Se puede concluir que quizás sea la planificación la tarea más compleja en la gestión de proyectos, que necesita de los mayores esfuerzos pero que reporta, en el cómputo global del ciclo de vida del proyecto, grandes beneficios. Y por lo que, siempre. es necesario planificar.