Lo que me enamora

Bueno, he tardado apenas medio siglo, pero puedo asegurar que ya se lo que realmente me enamora, lo que me cautiva y lo que me hace admirar a las personas: la PASIÓN.

Ya me lo temía hace tiempo, pero lo cierto es que viendo el otro día un documental de título “Las Catedrales del Vino” pude confirmarlo a ciencia cierta.

A lo largo del documental aparecieron distintos y diversos personajes vinculados al mundo del vino que cantaban las alabanzas y virtudes del líquido elemento, casi tan antiguo como nuestra historia (en el período Neolítico se documentan restos asociados a la elaboración de vino cerca de Damasco, donde aparece una prensa de vino hace 8000 años; estudios de fitolitos documentan la existencia del vino en el poblado Neolítico de Shulaveris Gora, hace unos 6000 años, en la actual Georgia). Pero no nos vayamos por esta rama que se me vería el plumero.

De todos estos personales, destacaría especialmente a uno que, por la pasión que transmitía, no me dejó apenas parpadear durante el rato que duró su aparición (termino casi divino, al hilo de como asumió su intervención).

Se trataba de una matriarca, ya no cumplirá seguro los ochenta años, que llegó a manejar no menos de diez adjetivos alabando los caldos producidos desde hace muchas generaciones en su familia. Describía un momento del día, cercano al ocaso, en el que compartía paisaje, música de Mozart (así es fácil) y una copa de oloroso llegando a alcanzar un estado de felicidad y satisfacción que si que le era difícil de describir.

He de reconocer que no son los olorosos mis caldos preferidos (culpa quizás de algún exceso de juventud) pero añoré participar de esa escena, tan serena como intensa, tan medida como sublime.

Y me di cuenta que esta mujer tenía PASION por lo que hacía, por lo que habían hecho sus padres y los padres de sus padres.

Esto me hizo posteriormente reflexionar sobre en que cosas me fijaba, a que personas me gustaba dedicarles tiempo y atención… y me di cuenta que el denominador común era que todas ellas eran PERSONAS APASIONADAS: del deporte, de la literatura, del campo, del sentido del humor, e incluso, de lo más simple y cotidiano.

Cierto es que no todas ellas luego tienen la capacidad o la destreza de transmitirte esa PASIÓN, pero de los mejores momentos que puede vivir uno es cuando se unen las dos circunstancias y una persona apasionada es capaz de compartir con toda su intensidad los motivos, las razones y los hechos que lo hacen ser un apasionado de su leif motiv.

Creo que sería un acierto educar en la pasión, pero no tratando de ponerle corsés ni reglas sino enseñando la importancia de la misma. La PASIÓN, tal y como la entiendo, deber ser el motor primario de todo lo que hagamos y ese es el motivo por el que muchas de las cosas que hacemos no tienen llegada, no tienen chispa, les falta algo, les falta… PASIÓN.

No cometamos ese error, seamos apasionados y mostremos pasión por lo que hagamos que a bien seguro conseguiremos estar satisfechos con lo hecho y quien sabe, consigamos enamorar a alguien si en algún momento decidimos compartirlo.