En esta ocasión, de nuevo, se trata de una actividad universitaria a todas vistas tediosa. Se celebraba un Claustro de la Universidad de Granada en la que el Defensor Universitario, D. Enrique Hita, presentaba su último informe como tal.

Al margen de su peculiar y conocida por todos forma de exponer las cosas (con continuos apuntes de sentido del humor que no hacen otra cosa que señalar la inteligencia del que habla), hizo referencia a D. Santiago Ramón y Cajal, científico e investigador español reconocido en 1906 con el Premio Nobel en Fisiología o Medicina. La cita tan acertadamente traída venía a decir Unas veces faltan recursos y demasiadas otras, lo que sobra es la miseria de voluntades.

Ciertamente, transcurrido más de un siglo, la afirmación de D. Santiago está realmente vigente. Antes de comenzar a trabajar acostumbramos a descolgarnos con un pliego de condiciones para dar nuestro primer paso que son muchas las ideas y los proyectos que no pasan de eso.

Si nos retraemos a la época histórica en la que el insigne investigador desarrolló su trabajo podremos ser conscientes de lo limitado de sus recursos y de las pocas condiciones de partida que podía plantear. Su mejor recurso: la ilusión por crecer en el conocimiento y de ponerlo a disposición de la sociedad, a la que entendía que se debía, como hombre de ciencia.

Nos hemos dedicado a formular cartas de derechos y obligaciones para estudiantes, trabajadores, usuarios, ciudadanos, peatones, conductores y otros agentes sociales en los que la primera columna desborda a la segunda. Desgraciadamente, un sencillo ejercicio aritmético nos recuerda lo insostenible de una sociedad en la que el número de derechos supera al de las obligaciones. Y si bien coyunturalmente  el modelo ha parecido funcionar, solo ha sido eso, flor de un día.

Junto con la anterior cita, quisiera recordar otra del mismo ilustre personaje que no es otra cosa que un canto a la perseverancia: “Quien desee firmemente poseer talento, acabará por tenerlo“. No por falta de recursos o por circunstancias y condiciones de contorno desistamos en lo que creemos. Un gran ejemplo de ello fue Nelson Mandela, quien después de veintisiete años en prisión siempre perseveró en su sueño, la igualdad de los hombres en su querida Sudáfrica.

Creo que la sociedad es tan rica como decide serlo. Y la forma de medir dicha riqueza no es otra que contar con las voluntades de todos y cada uno de nosotros.