Cuando se exige mucho

Ando preparando una tertulia que periódicamente celebramos un grupo de amigos para confirmar nuestra ignorancia sobre tantos temas. Con ella conseguimos crecer un poquito en conocimiento y hacernos una cura de humildad por poder llegar a intuir nuestro desconocimiento.

Por razón de turnos me ha tocado invitar al ponente, y mi decisión ha sido buscar un militar, poliédrico, consciente de los tiempos y sobre todo de la irrefutable realidad del efecto mariposa en nuestra aldea global que es la tierra. Lo he hecho llamando a una puerta fría, esto es, sin ningún otro conocimiento que lo que he podido leer en prensa y en otros foros. Creo haber acertado plenamente.

Tiene un perfil de gran soldado, general de brigada, legionario, forjado en misiones internacionales (Líbano, Irak, Bosnia-Herzegovina, Afganistán) y a la vez persona ocupada de su formación desde un punto de vista más ilustrado (posee un doctorado en historia).

La idea de contar con él es que nos arroje un poco de luz sobre el sentido que tienen estas misiones, la importancia de las mismas y ese difícil juego que es la geo-estrategia política, articulada entre otros elementos por las fuerzas armadas, integradas o no en alianzas internacionales.

Lo cierto es que antes de celebrase la tertulia ya me he enriquecido enormemente. Tengo la ventaja natural de acercarme a todos los ámbitos de forma abierta, permeable, sin prejuicios y eso me reporta sin lugar a dudas gratas sorpresas. Buceando en el mundo de la Legión Española, tema de su tesis doctoral, he podido pensar sobre dos reflexiones que me gustaría compartir.

El primero es sobre el sentido del Generalato (empleo de General). Otro compañero suyo, al referirse al empleo de los dos sables, pedía que se empleara bien el lenguaje: “no se llega a General, se tiene la oportunidad de servir como General”.

Coincido plenamente: prefiero sin lugar a dudas la forma en la que los anglosajones se refieren a los que trabajan para las Administraciones: “Civil Servant”. Se trata de prestar un servicio a la comunidad que implica una enorme responsabilidad, tanto en las formas como en las tareas que se desarrollan. Como servidores en lo público debemos establecer una base sólida que le dé sentido a lo que hacemos, y ésta no puede ser otra que la ética.

El segundo es sobre el grado de implicación a la hora de hacer nuestros trabajos. Leo literalmente en el mismo contexto militar la máxima: “cuando se exige mucho, hay que entregarlo todo, y la enseñanza culmina con el ejemplo”.

Son tantas cosas buenas las que contiene esta frase que no me gustaría limitarlas con mis reflexiones. Pero llevándola a mi actual dedicación como profesor universitario podríamos hablar de la obligación de exigir, de demandar lo mejor de nuestros estudiantes, de no establecer una ley de mínimos que limite la posible brillantez. Pero también implica darlo todo en las clases, las tutorías y en cualquier foro en el que participemos, y siempre con la calidad y el conocimiento al que estamos obligados. Y por último ser capaces, mediante el pragmatismo y el ejemplo, de mostrarles a los estudiantes lo que son o serán capaces de hacer.

Creo que la función pública es una gran responsabilidad, especialmente en aquellos puestos en los que se ha de velar por la utilidad y la eficiencia del gasto público, la igualdad en el acceso a los derechos de los ciudadanos y en la transparencia de todo lo acontecido, siempre que no ponga en peligro la intimidad o la seguridad del estado. Por este motivo, entre otros, me siento orgulloso de ser funcionario de carrera y poder servir como tal.