Para Leer

Ocurrió lo esperado

Tal y como anticipé, y tras disfrutar de una agradable e intensa tertulia, se confirmaron mis presagios: de casi todo sabemos casi nada. Me permito utilizar la primera persona del plural para que al menos me quede una salida: “mal de muchos, epidemia”.

Bromas aparte, aunque yo siempre aconsejo no apartarlas de nuestro día a día que son las que le darán sentido a lo que hagamos (recordemos al gran Charles Chaplin que aseguraba que un día sin sonreir es un día perdido), y sabiendo que es difícil saber de todo, se antoja fundamental el desarrollar la capacidad de escuchar.

Si somos capaces de escuchar creceremos en conocimiento, pero lo que es más importante, lo haremos también en prudencia una vez que conozcamos más puntos de vista y las circunstancias, hechos y vivencias que los han generado.

En esta ocasión pudimos debatir entre otras cosas sobre la zona gris. Sí, ese espacio de relación entre sociedades, países, individuos, facciones, tribus y demás entes presentes en el planeta tierra y que no están regulados, ni legislados, ni conveniados ni todo lo contrario.

Esos espacios que utilizan los distintos agentes para luchar contra los sistemas y en pro de los sistemas. Y lo hacen precisamente en estas grietas del sistema por no ser posibles las respuestas inmediatas (por imprevistas) ni existir procedimientos que las activen.

Estas zonas grises existen a cualquier escala, macro y micro. Están presentes en la geo-estrategia internacional pero también en las relaciones entre individuos y sociedad.

Estos días he podido aprender sobre estas últimas y la utilización de las redes sociales. La utilización de las mismas para valorar o decidir sobre cualquier aspecto puede chocarse de frente con un hecho irrefutable: las redes sociales no lo son tanto.

Un dato: más del 50% del tráfico en las redes tiene origen autómata, esto es, ha sido generado por un “bot” (denominación abreviada de robot). Eso siempre que el hecho no sea objetivo de los bots. En ese caso el porcentaje de representación real de la sociedad puede quedar relegado a lo anecdótico.

Apenas terminar de leer estos hechos objetivos traté de dedicarle algo de tiempo a entender el funcionamiento de los bots. Me preocupó enormemente esta otra gran laguna de mi conocimiento, en absoluto baladí  si tenemos presente que está influyendo en el devenir de la historia.

Como todo en la vida, existen bots benignos y otros que no lo son tanto, unos orientados a meros objetivos comerciales y otros desarrollados para crear y reforzar corrientes de opinión. Sobre estos últimos, el problema se acentúa cuando construyen a partir de noticias falsas. Esas que ahora parecen preocupar a Facebook habiéndose obligado a rescatar masivamente  la figura del fact-checker (o comprobador de hechos publicados).

La historia se caracteriza por ser cíclica y por ello muchas circunstancias y hechos se vuelven a reeditar al cabo de mucho tiempo. El periódico Times decidió en el año 1923 contratar a la primera periodista dedicada a chequear la veracidad de las noticias, Nancy Ford. Había nacido un nuevo oficio: fact-checker. En el año 1993 se creó el Bureau of Accuracy and Fair Play, en el que participaron Ralph Pulitzer, hijo del afamado Joseph Pulitzer, y Isaac White, cuyo objetivo principal era tal y como se recoge en acta fundacional “stamp out fakes and fakers” (sacar a patadas las mentiras y a los mentirosos del mundo del periodismo).

Una ocupación que había desaparecido del mapa laboral y que gracias a las redes sociales vuelve a estar presente y hacerse necesaria. Aunque esta vez el reto se antoja mucho mayor debido al efecto multiplicador que tienen las redes sociales y nuestra dependencia de la nube en las que los efectos perseguidos corren cual pólvora encendida. Y por ello siempre será tarde, por muy pronto que se actúe.

Para finalizar estas líneas vuelvo a rescatar un verso perdido de Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Pero no lo olvidemos, todos tenemos un poquito de responsabilidad en que esa verdad sea algo mejor.

Cuando se exige mucho

Ando preparando una tertulia que periódicamente celebramos un grupo de amigos para confirmar nuestra ignorancia sobre tantos temas. Con ella conseguimos crecer un poquito en conocimiento y hacernos una cura de humildad por poder llegar a intuir nuestro desconocimiento.

Por razón de turnos me ha tocado invitar al ponente, y mi decisión ha sido buscar un militar, poliédrico, consciente de los tiempos y sobre todo de la irrefutable realidad del efecto mariposa en nuestra aldea global que es la tierra. Lo he hecho llamando a una puerta fría, esto es, sin ningún otro conocimiento que lo que he podido leer en prensa y en otros foros. Creo haber acertado plenamente.

Tiene un perfil de gran soldado, general de brigada, legionario, forjado en misiones internacionales (Líbano, Irak, Bosnia-Herzegovina, Afganistán) y a la vez persona ocupada de su formación desde un punto de vista más ilustrado (posee un doctorado en historia).

La idea de contar con él es que nos arroje un poco de luz sobre el sentido que tienen estas misiones, la importancia de las mismas y ese difícil juego que es la geo-estrategia política, articulada entre otros elementos por las fuerzas armadas, integradas o no en alianzas internacionales.

Lo cierto es que antes de celebrase la tertulia ya me he enriquecido enormemente. Tengo la ventaja natural de acercarme a todos los ámbitos de forma abierta, permeable, sin prejuicios y eso me reporta sin lugar a dudas gratas sorpresas. Buceando en el mundo de la Legión Española, tema de su tesis doctoral, he podido pensar sobre dos reflexiones que me gustaría compartir.

El primero es sobre el sentido del Generalato (empleo de General). Otro compañero suyo, al referirse al empleo de los dos sables, pedía que se empleara bien el lenguaje: “no se llega a General, se tiene la oportunidad de servir como General”.

Coincido plenamente: prefiero sin lugar a dudas la forma en la que los anglosajones se refieren a los que trabajan para las Administraciones: “Civil Servant”. Se trata de prestar un servicio a la comunidad que implica una enorme responsabilidad, tanto en las formas como en las tareas que se desarrollan. Como servidores en lo público debemos establecer una base sólida que le dé sentido a lo que hacemos, y ésta no puede ser otra que la ética.

El segundo es sobre el grado de implicación a la hora de hacer nuestros trabajos. Leo literalmente en el mismo contexto militar la máxima: “cuando se exige mucho, hay que entregarlo todo, y la enseñanza culmina con el ejemplo”.

Son tantas cosas buenas las que contiene esta frase que no me gustaría limitarlas con mis reflexiones. Pero llevándola a mi actual dedicación como profesor universitario podríamos hablar de la obligación de exigir, de demandar lo mejor de nuestros estudiantes, de no establecer una ley de mínimos que limite la posible brillantez. Pero también implica darlo todo en las clases, las tutorías y en cualquier foro en el que participemos, y siempre con la calidad y el conocimiento al que estamos obligados. Y por último ser capaces, mediante el pragmatismo y el ejemplo, de mostrarles a los estudiantes lo que son o serán capaces de hacer.

Creo que la función pública es una gran responsabilidad, especialmente en aquellos puestos en los que se ha de velar por la utilidad y la eficiencia del gasto público, la igualdad en el acceso a los derechos de los ciudadanos y en la transparencia de todo lo acontecido, siempre que no ponga en peligro la intimidad o la seguridad del estado. Por este motivo, entre otros, me siento orgulloso de ser funcionario de carrera y poder servir como tal.

Tengo una buena noticia

Confirmado, cada vez tengo más claro que determinados medios de comunicación (quizás demasiados) adolecen de un comportamiento ético en lo profesional.

Es un hecho constatado que no respetan la imprescindible separación de los que es “editorial” y de lo que son “hechos constatados y contrastados”.  La forma de construir, redactar y maquetar todas las noticias las carga de opiniones personales y subjetivas que presentan una realidad alejada de los hechos. Y como no, empezando por el titular, que ha de ser ese anzuelo que mordamos, aunque su sola redacción sea un juego de palabras que no tenga nada que ver con lo cierto.

Pero mucho más preocupante es la decisión anterior y crucial: la decisión de convertir un hecho o circunstancia en noticia. Un profesional debiera tener en cuenta criterios (entre otros) como la distancia, la importancia, la novedad y el contexto.

La realidad es que los medios de comunicación han convertido sus diarios, en un collage inconexo de malas noticias, o lo que es más lamentable, de hechos banales que son elevados al olimpo de la importancia suprema porque ellos (o sus intereses económicos) así lo consideran.

Detrás de todo este humo, o llámenla polvareda, quedan muchos hechos o acontecimientos que si debieran ser vestidos con el traje de noticia. Hablo de científicos, cooperantes, innovadores, empresarios, etc., que con su trabajo diario consiguen que todos los días nos encontremos un mundo un poquito mejor. Hablo también de grandes deportistas y sus gestas (a título individual o colectivo) que quedan a la sombra de la actividad social de los grandes futbolistas.

Creo que esta injusticia diaria a las que nos someten: tanto a los protagonistas de las noticias como a los que nos gustaría conocerlas (el más elemental de los derechos), tiene visos de no cambiar.
No obstante, y éste ha sido el motivo que me ha llevado a escribir estas líneas, siempre hay un halo de esperanza porque existen personas empeñadas en no dejarse laminar por el sistema y desarrollan una labor muchas veces infravalorada.

El otro día me hablaron de un periodista que, cansado de esta situación, había creado una agencia de noticias buenas, que por buenas parecen tener menor interés y mercado, aunque seguro que responden a lo que está pasando por ahí fuera. Y las elige y selecciona en función de los citados criterios de importancia, novedad, proximidad (difícil de acotar en un mundo globalizado) y contexto. Aplaudo la iniciativa por innovadora, por ética y por responsable.

Termino de escribir estas líneas con una sonrisa en los labios ya que la buena noticia que os adelantaba en el titular es que hay noticias buenas. O lo que es más importante, hay muchos hechos y acontecimientos buenos que debieran ser convertidas en noticia.

Aprendiendo a Pasar

Corren tiempos en los que el verbo pasar se conjuga muchas veces en el presente de indicativo: paso. En ese momento nos convertimos en pasotas, poniendo tierra del consejo del gran poeta Machado, que nos invitaba a pasar haciendo camino, camino sobre la mar.

Es realmente una pena ya que pasar es una de las entradas de nuestro lenguaje con más significados, por encima de sesenta, algunas de ellas tan interesantes como positivas.

Y siendo hombre de bien, les deseo un buen pasar, vamos, que gocen ustedes de medianas comodidades y si de paso son capaces de deshacerse de aquellos que hacen suya la expresión por donde pasa, moja, mejor.

También sería importante que aprendiéramos a pasar de largo de todas las cosas que nos roban energía sin merecer la pena. Que no tengamos que pasar por encima de nadie para defender lo que creemos. Que no tengamos que pasar por el aro cuando sea contrario a nuestros principios y que cuando encontremos un paso angosto hayamos decidido bien antes quien nos acompaña.

Que seamos elegantes y no nos pasemos de listos y menos de la raya. No hay mayor exceso que pasarse de rosca.

Que la vida nos sea provechosa y que cuando tengamos que pasar un mal trago, ya sea en el trabajo o en una amigable comida, tengamos siempre cerca alguien con quien pasarlo.

No me importaría que mis estudiantes se pasaran los apuntes, o todo aquello que les pudiera ser de ayuda y provecho para pasar los exámenes y finalmente pasar de curso.

Sería lindo que no olvidáramos de que vinimos a pasarlo bien, y cuando estemos a un solo paso de pasar a mejor vida, no se nos pase por alto dedicarnos una sonrisa por lo afortunados que fuimos.

Simplemente, aprendamos a pasar, que no hay nada más triste en este vida que pasar sin pena ni gloria.

Nuestras Raíces

Debemos de conocer nuestras raíces y cuidar la tierra que las alimentan. No se entiende árbol sin raíces y no debiera entenderse una sociedad sin raíces. Las raíces nos hacen respetar y amar la tierra en la que crecemos, en lo que se ve y lo que no.

Las raíces crecen según la relación que se tiene con la tierra y el medio. De todos es bien sabido que un árbol crecido en abundancia de lluvia y con tierras someramente ricas, desarrolla un sistema radical superficial que no estará preparado para aguantar fuertes temporales de viento. Lo mismo nos ocurre a nosotros. Si para crecer no tenemos dificultades, todo lo obtenemos sin sacrificio y sin cultura del esfuerzo formaremos una sociedad a partir de personas mucho más débiles y frágiles. Y esa sociedad tiene cuando menos un futuro incierto.

Cuando se crece y se sale adelante las raíces terminan por hacerse fuertes así como el cariño a la tierra que nos da sustento. Nos mostraremos respetuosos y agradecidos con lo que tenemos. Cuidaremos nuestro entorno y trataremos de preservarlo para que generaciones venideras tengan cuando menos las mismas oportunidades que nosotros tuvimos.

Hay una generación de jóvenes que habla con hastío de su tierra, de sus malogradas raíces. Se quejan de tener que irse buscando tierras mejores. Este sentimiento de desapego los tienta a no cuidar la tierra en la que no ha sido posible enraizar (nada más triste).  Deberíamos de tratar de entre todos mejorar esa tierra: eliminando lo dañino y baldío, cambiando lo mejorable y manteniendo e incrementando lo bueno.

No olvidemos que formamos parte activa de nuestro paisaje y no podemos caer en aquella situación en la que un orador le preguntaba en primera instancia a su audiencia si querían cambios a lo que todos contestaban afirmativamente. La desilusión llegaba cuando el mismo orador se volvía a dirigir a la misma audiencia y les preguntaba quien estaba dispuesto a cambiar, a lo que la mayoría respondía con una mirada esquiva.

La humanidad cambia y cada vez es más cierta e intensa la globalización. Esto debiera debería hacernos pensar que nuestras raíces, la de todos los seres humanos, crecen en la misma tierra. Es la tierra como planeta la que tenemos que cuidar y mimar para que podamos crecer todos los que la habitamos, hayamos nacido donde hayamos nacido. Quizás sea bueno que visualicemos nuestro planeta como aquel que visitó el Principito en uno de sus viajes.

No hay una cosa más triste que una sociedad que haya perdido sus raíces. Será una sociedad vagabunda en búsqueda de otras tierras en las que enraizar. Y hasta que sea así será una sociedad peligrosa, con nada que perder, nada que amar, nada que preservar.

Urge por tanto que aprendamos de una vez que es la misma tierra la que a todos nos da sustento, en la que podremos echar raíces y en la que debemos de tratar de ser felices. Todo ello sin olvidar aquellas tierras que nos vieron nacer y crecer, nos vieron caernos y levantarnos. Esas tierras a las que a menudo volvemos y que identificamos como parte de nosotros, que miramos con respeto y deseamos que sigan siendo lo que fueron porque, simplemente, nos permitieron ser felices.

Y todo ello sin perder la sensación de libertad, de ser capaz de viajar, de conocer nuevos horizontes que nos regalen nuevas luces. Estas experiencias nos ayudaran a saber quiénes somos y la fortuna de nuestras raíces.

 

Lo que me enamora

Bueno, he tardado apenas medio siglo, pero puedo asegurar que ya se lo que realmente me enamora, lo que me cautiva y lo que me hace admirar a las personas: la PASIÓN.

Ya me lo temía hace tiempo, pero lo cierto es que viendo el otro día un documental de título “Las Catedrales del Vino” pude confirmarlo a ciencia cierta.

A lo largo del documental aparecieron distintos y diversos personajes vinculados al mundo del vino que cantaban las alabanzas y virtudes del líquido elemento, casi tan antiguo como nuestra historia (en el período Neolítico se documentan restos asociados a la elaboración de vino cerca de Damasco, donde aparece una prensa de vino hace 8000 años; estudios de fitolitos documentan la existencia del vino en el poblado Neolítico de Shulaveris Gora, hace unos 6000 años, en la actual Georgia). Pero no nos vayamos por esta rama que se me vería el plumero.

De todos estos personales, destacaría especialmente a uno que, por la pasión que transmitía, no me dejó apenas parpadear durante el rato que duró su aparición (termino casi divino, al hilo de como asumió su intervención).

Se trataba de una matriarca, ya no cumplirá seguro los ochenta años, que llegó a manejar no menos de diez adjetivos alabando los caldos producidos desde hace muchas generaciones en su familia. Describía un momento del día, cercano al ocaso, en el que compartía paisaje, música de Mozart (así es fácil) y una copa de oloroso llegando a alcanzar un estado de felicidad y satisfacción que si que le era difícil de describir.

He de reconocer que no son los olorosos mis caldos preferidos (culpa quizás de algún exceso de juventud) pero añoré participar de esa escena, tan serena como intensa, tan medida como sublime.

Y me di cuenta que esta mujer tenía PASION por lo que hacía, por lo que habían hecho sus padres y los padres de sus padres.

Esto me hizo posteriormente reflexionar sobre en que cosas me fijaba, a que personas me gustaba dedicarles tiempo y atención… y me di cuenta que el denominador común era que todas ellas eran PERSONAS APASIONADAS: del deporte, de la literatura, del campo, del sentido del humor, e incluso, de lo más simple y cotidiano.

Cierto es que no todas ellas luego tienen la capacidad o la destreza de transmitirte esa PASIÓN, pero de los mejores momentos que puede vivir uno es cuando se unen las dos circunstancias y una persona apasionada es capaz de compartir con toda su intensidad los motivos, las razones y los hechos que lo hacen ser un apasionado de su leif motiv.

Creo que sería un acierto educar en la pasión, pero no tratando de ponerle corsés ni reglas sino enseñando la importancia de la misma. La PASIÓN, tal y como la entiendo, deber ser el motor primario de todo lo que hagamos y ese es el motivo por el que muchas de las cosas que hacemos no tienen llegada, no tienen chispa, les falta algo, les falta… PASIÓN.

No cometamos ese error, seamos apasionados y mostremos pasión por lo que hagamos que a bien seguro conseguiremos estar satisfechos con lo hecho y quien sabe, consigamos enamorar a alguien si en algún momento decidimos compartirlo.

 

La Comunicación, las TIC y …

Vivimos en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y lo cierto es que según muchos estudios son cada vez más las personas que se encuentran incomunicadas. Paradójica situación se produce cuando no dejamos de oír a diario de la potencia de las tecnologías que disponemos para comunicarnos.

La comunicación tiene componentes perfectamente definidos: emisor, receptor, canal y mensaje. Y sobre estos componentes se producen interacciones e interrelaciones que hacen que la comunicación sea fluida y efectiva, rica y afectiva, cercana y humana.

Escribo estas líneas después de escuchar una noticia sobre el fenómeno de la inadaptación de los marines americanos una vez que abandonan las misiones y regresan a su país para seguir sirviendo, pero en un contexto totalmente distinto.

Uno de los hechos que más me ha llamado la atención es que aseguren que les es mucho más fácil comunicarse en acciones armadas y otras situaciones límites que una vez de vuelta a la sociedad a la que protegen. Insisten que los círculos son cerrados, el interés por compartir limitado y la cercanía muchas veces solo es eso es un espejismo, solo un hecho físico.

Los vecinos, tenderos, barrenderos, policías, conductores, etc., pasan de largo sin compartir a veces ni un saludo, una sonrisa, una pequeña muestra de complicidad.

Esta circunstancia los vuelve locos (a los marines). Dicen no entenderlo, más aún cuando creen que debiera ser fácil hablar con la gente que se supone comparte un proyecto común de sociedad. Desgraciadamente no es así y se muestran impotentes al no ser capaces de intercambiar sentimientos, opiniones o simplemente tiempo (que se puede comunicar sin hablar, con sólo estar).

La potencia de la comunicación oral y no verbal puede ser enorme, pero lo es aún más en situaciones límites en las que del éxito del mensaje depende tu propia vida, o la de tu compañero por quien te has comprometido a velar.

Para ello se gesticula con las manos, se cruzan las miradas (a veces con ojos vidriosos), se adoptan posturas, se susurra e incluso se chilla. Algunas respuestas fisiológicas ayudan al proceso de la comunicación: se suda, nos quedamos helados, nos estremecemos y se nos eriza la piel (cosa que me recuerda la magnífica canción de Juan Manuel Serrat, “De vez en cuando la vida”).

Pues bien, todo ello se pierde cuando hablamos de la comunicación mediante las TIC, cuando decidimos sustituir banalmente la comunicación verbal, para-verbal y corporal por un mensaje de texto, un WhatsApp, un e-mail o una entrada en Twitter o Instagram. Las redes sociales pueden ser tanta, o tan poca, comunicación como una octavilla en el parabrisas de un coche: puede ser quitada por otra persona, se la puede llevar el viento, tirada a la papelera por el dueño del coche o simplemente utilizada para ensuciar las calles.

He mencionado a las octavillas y me ha venido a la mente la utilización que de ellas se hicieron en la Segunda Guerra Mundial por parte de los dos bandos con objeto de tratar de confundir a los extenuados combatientes sobre la realidad de sus países (os adjunto una de las joyas de la propaganda – comunicación nazi).

Las redes sociales y otros instrumentos de comunicación no presencial son una gran herramienta como elemento de apoyo y/o prolongación de la comunicación presencial y es ahí cuando, desde mi punto de vista, tienen sentido y suponen una oportunidad de comunicación adicional.

Utilizo las redes sociales, el e-mail, e incluso esta página web ya que soy consciente de las oportunidades que brindan, pero estoy totalmente convencido que la sociedad sería más justa y amable si se dieran más oportunidades a una conversación que a e-mail, a una mirada que a una entrada de Instagram, a una sonrisa más que a un “like”.

 

 

 

Sonreír, que no es baladí

Sonreír parece que tiene que ser la consecuencia o la expresión de nuestro estado de ánimo, de nuestras circunstancias personales, de los ciclos económicos, de la alineación planetaria o del dictamen diario e irrefutable de nuestro signo del Zodiaco.

Como siempre me encanta iniciar mis reflexiones presentando otro punto de vista. Con la sonrisa ocurre como quien trata de adquirir una habilidad, “si quieres adquirir una habilidad, comienza a comportarte como si la tuvieses”. Pues eso, si quieres sonreír y todo lo que ello lleva consigo… ¡Comienza con una sonrisa!

De nuevo, la gran paradoja conceptual: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Mi naturaleza optimista me hace invitaros a que empecéis con una sonrisa, y luego, ya veremos cómo se dan las cosas.

Si sonreís, si lo hacéis a otra persona, puede que tengáis la suerte de ser correspondidos y una sonrisa franca, abierta y completa es de los mejores regalos que podemos recibir. La sonrisa es uno de los elementos más contundentes de la componente “para-verbal” de la comunicación, haciéndola más corta, directa y efectiva.

Como casi todo en esta vida, la sonrisa lleva muchas horas a sus espaldas de investigación y estudio, lo que hace que no sea difícil encontrar distintas clasificaciones de la sonrisa, distinguiendo en función de los grupos faciales activados (y yo diría de las intenciones del comunicador).

Así, podemos hablar de sonrisas sinceras, amortiguadas, falsas, burlonas, desdeñosas, temerosas, tristes (si, es así, se puede sonreír de tristeza, lo que reviste al gesto de la persona de una solemnidad y certeza impresionante), postizas, cruel y distantes.

Las sonrisas, y la forma que la gente las hacen suyas, pueden llegar a caracterizar al personaje. Dicen que Charlie Chaplin era una persona cuya sonrisa construía enormes distancias. Solamente era un parte muy importante de una personalidad inigualable. Se atrevió a asegurar que el día que no dibujara una sonrisa en su cara, simplemente habría dejado de existir.

Como sedimentos de siglos de comportamiento, la sonrisa y su hermana descarada la risa, tienen una carga enorme de códigos culturales. En muchos lugares de África las personas utilizan la risa como una señal de sorpresa, asombro, vergüenza e incluso incomodidad. Es importante que los tengamos presente y más en los tiempos en los que las posibilidades de viajar nos pueden hacer vernos en una situación en la que la comunicación sea totalmente errónea por dicha componente geográfica de nuestros gestos y su significado.

En las latitudes en las que nos movemos sonreír es un ejercicio conveniente, una actitud generosa y el posible remedio a una mala jornada. Los beneficios serán inmediatos para quien sonríe y serán mucho mayores y se verán aumentados desde nuestro entorno (si una sonrisa es sincera hay pocos que podamos resistirnos a corresponder).

Cada vez estoy más convencido que los cómicos han tenido y tendrán un papel esencial en la sociedad y en la forma de relacionarnos. Leonardo Di Vinci nos dejó por escrito que una persona capaz de reír no era lo suficientemente peligrosa. Y que decir del gran Gila, quien teléfono en mano nos dio una lección magistral de como debieran ser gestionados los conflictos bélicos, eso si, portando un caso militar como jamás lo ha vuelto a hacer.

Me gustan los cómicos y si lo son siendo además hermanos solo puedo quitarme el sombrero así que terminaré citando al gran Groucho Marx, “la risa es una cosa demasiado seria”, casi tanto como quien escribe estas líneas.

D. Emilio Herrera Linares, un personaje al que conocer

Militar, Ingeniero, Científico y Político… D. Emilio Herrera Linares, un personaje al que conocer.

Emilio Herrera Linares (Granada, 13 de febrero de 1879 – Ginebra, 13 de septiembre de 1967) fue un ingeniero militar español, destacado como aviador y científico. Fue presidente del Gobierno de la República española en el exilio..

Tienen el origen estas líneas la suerte de que mi Rector y amigo, Francisco Lodeiro, me invitase a formar parte del jurado de los premios Emilio Herrera de la Universidad de Granada a la Invención o divulgación científica y tecnológica.

Como no podía ser de otra forma buceé en la biografía de la persona y del personaje que le daban nombre al citado premio. Desde ese momento quedé prendado por su semblante y como había sabido vivir tiempos difíciles, situaciones excepcionales y tomar decisiones personales que no hicieron otra cosa que convalidar su altura como persona, su capacidad como militar, científico e ingeniero y su compromiso por unos ideales y lo público como político.

Persona con grandes capacidades, fue un referente mundial en aerostática, consiguiendo logros como la circunnavegación del planeta en dirigible a final de la década de los 20 (siglo XX), el diseño del primer traje espacial (que fuera deseo del programa espacial norteamericano) y un sinfín de trabajos científicos que no ha lugar repetir. Lo que si vendría como anillo al dedo, sería el dicho castizo “dime con quién andas y te diré quién eres”. Pues bien, D. Emilio Herrera trabajo de la mano, entre otros, con D. Leonardo Torres Quevedo y D. Juan de la Cierva. También fue amigo personal de Albert Einstein.

Sobre Emilio Herrera existen muchas biografías extensas y documentadas (recomendable la publicada por AENA y escrita por Emilio Atienza Rivero, “El general Herrera: aeronáutica, milicia y política en la España contemporánea”, Madrid, 1994)

Lo que aquí traigo son unos apuntes personales del porqué, D. Emilio Herrera es uno de los personajes que todos deberíamos conocer, y no estaría mal, tratar de imitar en alguna de sus facetas, sobre todo en estos tiempos en los que es difícil encontrar referencias válidas para nuestra vida diaria.

Quizá la mejor forma de ilustrar a una persona es mostrar las decisiones que jalonan su vida y que me hacen concluir que se trata de un hombre de honor y con una altura ética digna de admiración. Éstas son las que personalmente me han hecho reflexionar sobre el personaje:

  • Como ingeniero que soy podría comenzar bromeando indicando que una de las más sabias decisiones que tomó fue abandonar la carrera de arquitectura para ingresar en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, con gran orientación científica y experimental.
  • Como militar que era, debía lealtad al régimen establecido, en su caso la monarquía de Alfonso XIII. Cuando en 1931 el monarca abdica, él lo acompaña a Paris al exilio. No es hasta que el régimen de la Segunda República es legalmente establecido y Alfonso XIII le concede la dispensa de lealtad hasta que no decide volver y ponerse al servicio de España. Hablamos de una persona monárquica convencida que sabe entender en ese momento que lo importante es su país, empezando desde el primer día a trabajar por prestigiarlo.
  • Una vez estalla la Guerra Civil se ve obligado a vivir en el exilio no disponiendo de muchos recursos económicos para ello. En estas circunstancias fue tentado por el gobierno alemán para que participase activamente los trabajos que se desarrollaban en el Laboratorio de Vibraciones de Berlín. Como científico e ingeniero, reconoció que era un proyecto tentador y atractivo. Como hombre de honor y anteponiendo su ética personal renunció sin duda al mismo comunicándoselo así al general alemán Von Faupel.
  • Su relación con el programa aeroespacial americano también nos permite conocer a la persona y su concepto de lealtad a sus principios y a su país, al que le juró lealtad. El diseño del traje espacial para vuelos estratosféricos fue objeto de deseo de la NASA, llegando ésta a ofrecer un cheque en blanco por su incorporación al programa. D. Emilio Herrera entendía que si él era quien era, lo era gracias a su país y que por tanto solo deseaba que junto a la bandera estadounidense se colocara la bandera española. Al no atender esta demanda, el caballero Herrera declinó amablemente su participación en la carrera espacial.

Fuente: EL PAIS – Fotografía de la escafandra espacial diseñada por Emilio Herrera, sobre la de una de las misiones Apollo. / NASA.

  • Dado su creciente prestigio internacional, la UNESCO lo nombró consultor en materias de física nuclear, cargo que ostentó hasta que la España franquista ingresó en la ONU a finales de 1955, momento en el que presentó su dimisión. Al margen de cualquier posición política, D. Emilio Herrera vuelve a mostrarnos una ética personal digna de alabanza.
  • Lejos de ser una persona polarizada, siempre mantuvo una actitud constructiva y conciliadora, y como suele ocurrir, le supuso enfrentamientos con posiciones republicanas más radicales, sin llegar a perder en ningún momento el sentido de la responsabilidad nacional. Éste discurso fue un continuo a lo largo de su vida, no solo cuando estalló la guerra civil sino también en las postrimerías de su vida, a finales de los años sesenta del pasado siglo, en las que trató de buscar un espacio de reconciliación, proponiendo la celebración de referéndum en el que el pueblo español pudiera decidir libremente el modelo de estado que quisiera instaurar.

Como se puede constatar, a lo largo de toda su vida D. Emilio Herrera fue persona íntegra y perseverante, convencido de sus principios, pero de talante dialogante, con una enorme capacidad de trabajo y de compromiso por lo público, con unas capacidades científicas indiscutibles y, sobre todo, un Hombre de Honor.

Sin lugar a dudas es un personaje del que toda la sociedad actual podemos aprender y mucho, pero especialmente los ingenieros y científicos, los militares y como no, los políticos. Por este motivo merece la pena dedicarle estas líneas a modo de homenaje a D. Emilio Herrera, granadino ilustre y que, no siempre con grandes recursos, consiguió gestas históricas, haciendo buena la frase del Profesor Ramón y Cajal “muchas veces no hay falta de recursos, sino miseria de voluntades”.

Muchas Gracias.

 

Motivarse. Proviene del latín motivus (movimiento).

Motivarse. Del vocablo en latín: motivus (movimiento). “Encontrar uno mismo las razones para realizar una acción.”

Se trata por tanto de una decisión y actitud personal en la que se ponen encima de la mesa razones para empezar, continuar o concluir algo. Conlleva una acción (movimiento), por lo que no vale motivarse permaneciendo donde estamos.

Escribo estas líneas porque denoto, no en todos mis alumnos pero si en muchos de ellos, cierta falta de motivación personal para estudiar, aprender, hacer cosas inéditas, como es el caso de sus Trabajos Fin de Grado (TFG) o Trabajo Fin de Máster (TFM). Es extremadamente sencillo detectar la falta de ganas, de motivación y a fin de cuentas de iniciativa. Quizás se pueda resumir en una frase que escucho al inicio de algunas tutorías y que es: ¿Y ahora?

Ahora: estudia, investiga, consulta, comparte, equivócate, corrige, mejora,… Sois estudiantes del último curso de un grado o un máster. Pasado mañana vais a ir a una empresa a ofrecer vuestros servicios y os adelanto que una de las primeras cosas que van a esperar de vosotros es la proactividad.

Tenemos la fortuna de vivir en una época en el que la información y la comunicación están al alcance de todos y con un alcance inimaginable. La información y la comunicación (como capacidad de compartir de forma acertada información) son dos de las principales herramientas para triunfar en casi todo en la vida.

Creo que las excusas de no lo he visto, no me lo han explicado o nunca lo he hecho se convierten en poderosas razones para un posible empleador para no teneros en consideración como opción de contratación.

Como siempre hago, comparto con vosotros la satisfacción y la enorme experiencia que suponen los estudiantes que me muestran iniciativa, que son ocurrentes y que me trasladan distintas soluciones a problemas que se le presentan cuando tratan de sacar adelante sus TFG y TFM. Reconozco que son de los mejores momentos como docente, entre otras cosas porque cuando estoy trabajando con ellos siempre pienso en un segundo plano que no tendrán ningún problema (después de mucho trabajo e insistencia) en convencer a alguna empresa de que son la mejor opción.