Corren tiempos en los que el verbo pasar se conjuga muchas veces en el presente de indicativo: paso. En ese momento nos convertimos en pasotas, poniendo tierra del consejo del gran poeta Machado, que nos invitaba a pasar haciendo camino, camino sobre la mar.

Es realmente una pena ya que pasar es una de las entradas de nuestro lenguaje con más significados, por encima de sesenta, algunas de ellas tan interesantes como positivas.

Y siendo hombre de bien, les deseo un buen pasar, vamos, que gocen ustedes de medianas comodidades y si de paso son capaces de deshacerse de aquellos que hacen suya la expresión por donde pasa, moja, mejor.

También sería importante que aprendiéramos a pasar de largo de todas las cosas que nos roban energía sin merecer la pena. Que no tengamos que pasar por encima de nadie para defender lo que creemos. Que no tengamos que pasar por el aro cuando sea contrario a nuestros principios y que cuando encontremos un paso angosto hayamos decidido bien antes quien nos acompaña.

Que seamos elegantes y no nos pasemos de listos y menos de la raya. No hay mayor exceso que pasarse de rosca.

Que la vida nos sea provechosa y que cuando tengamos que pasar un mal trago, ya sea en el trabajo o en una amigable comida, tengamos siempre cerca alguien con quien pasarlo.

No me importaría que mis estudiantes se pasaran los apuntes, o todo aquello que les pudiera ser de ayuda y provecho para pasar los exámenes y finalmente pasar de curso.

Sería lindo que no olvidáramos de que vinimos a pasarlo bien, y cuando estemos a un solo paso de pasar a mejor vida, no se nos pase por alto dedicarnos una sonrisa por lo afortunados que fuimos.

Simplemente, aprendamos a pasar, que no hay nada más triste en este vida que pasar sin pena ni gloria.