Hemos vivido los últimos días una noticia extremadamente mediática, la sentencia a veintiún meses de cárcel a Leo Messi por un delito contra la hacienda pública. Vaya por delante de que, evidentemente, nadie está libre de que el asesor fiscal-laboral-contable, le haga un estropicio y ello suponga verse inmerso en un proceso sancionador o incluso penal (bueno, los que no tenemos asesor seguro que estamos libre de ese problema asumiendo otros). Pero lo que no es de recibo es negar la evidencia de que el no conocer una obligación no nos exime de su cumplimiento.

No pretendo, entre otras cosas por incapaz, analizar el alcance, la substancia y la consistencia jurídica del proceso al que hago mención. Lo que si pretendo es expresar mi asombro ante la actitud del club que, que lejos de invitar al jugador a crecer como persona y como ciudadano, ha montado una campaña para su rescate de las zarpas de la justicia. Esa que, cuando funciona, nos trata a todos como iguales.

El principal alegato presentado por el mismo, repetido hasta la saciedad, ha sido la ignorancia y el desconocimiento: “yo solo juego al futbol”. Curiosa afirmación. Lo mismo me la planteo en mi próxima declaración de la renta no saber de nada y a vueltas de un requerimiento del fisco esgrimo: “yo solo doy clase, y si me dejan, investigo”.

Estos señores e instituciones no tienen la menor idea del daño social que nos hacen, o mejor dicho, hacen a las legiones de chaveas que los idolatran como dioses del olimpo y que se cambiarían con los ojos cerrados por ellos.

Lo cierto es que este señor no solo juega al fútbol, no señor. Dedica muchas de sus horas al lanzamiento continuo de campañas comerciales que bien le ayudan a engordar sus emolumentos, establece acuerdos de imagen para aumentar más aún sus ingresos, etc. Y por supuesto, como todos, tiene tiempo para el ocio, el asueto y el descanso bien merecido. Evidentemente, no se puede tachar de avaricia, simplemente hace bueno el refrán de que el agua hay que aprovecharla cuando llueve y si puedes provocar tormentas, mejor que mejor.

Pero todo, siempre apunta hacia la misma dirección, sin que nadie le diga a este señor: disculpe, pero cuando no juega al futbol usted es uno más. Aquí me acuerdo necesariamente del entorno de un deportista. Si este entorno tuviese un poco de decoro, ética y educación, le habría aconsejado el estudiar, el formarse, el conocer, el leer, etc. Que menos que aconsejarle que prepararse lo suficiente como para llegar a conocer al menos lo que firma.

Esta persona aprendería que además de jugador se es algo más en la vida, como lo somos los profesores, médicos, periodistas, albañiles, fontaneros, etc., cuando no estamos ejerciendo nuestra profesión.

Como siempre, termino con una luz, con un rayo de esperanza. Son muchos los deportistas que han entendido lo que aquí trato de explicar: Sócrates (Filosofía y Medicina), Juan Mata (estudiante de INEF y Marketing), Esteban Granero (Psicología), Alfonso Reyes (Ingeniero de Caminos), Juan Antonio Corbalán (Cardiólogo), Pirri (Medicina), Gary Player, el famoso jugador de golf (Doctorado en Derecho), Pardeza (Doctorado en Filología Hispánica), etc.